En el post de la semana pasada hablamos acerca de las diferencias entre invertir y especular. Teniendo esto claro, y antes de comenzar a indagar entre las diferentes alternativas de inversión, te compartimos algunos conceptos que creemos deberías considerar antes de invertir.
¿Estás en condiciones de comenzar?
Antes de empezar, y sin ánimo de ser reiterativos, te recomendamos dos cosas. Primero, que tengas completamente fondeado tu fondo de emergencia. Si bien te sugerimos acumular dinero suficiente para cubrir al menos tres meses de tu presupuesto, te alentamos a llegar hasta los seis meses antes de lanzarte a invertir.
Segundo, que canceles deudas. Salvo excepciones, no tiene sentido financiero que comiences a invertir si tenés deudas. ¿Por qué? Porque, en general, los retornos que podés obtener son menores a las tasas de interés que estás pagando (en particular si se trata de créditos al consumo o deudas con tarjetas de crédito). Por tanto, muchas veces la mejor inversión que podés hacer es reducir tus pasivos. Tratá de establecer un plan de repago lo más ambicioso que puedas. No se trata simplemente de estar al día, sino de intentar acelerar el calendario de repago que tengas. Cuanto más “agresivo” puedas ser, antes vas a poder comenzar a invertir.
Porque le funcione a Juan, no necesariamente le funcionará a María
Un plan de inversión personal es, ante todo, un traje a medida. Este dependerá de los objetivos que persigas, de tu horizonte temporal y de tu nivel de tolerancia al riesgo, entre otros factores. Si bien puede servirte de referencia lo que otra persona pueda estar haciendo, su selección de instrumentos posiblemente no sea la que mejor se ajuste a tu realidad.
Si tenés pensado usar ese dinero en el corto plazo, para hacer la entrega inicial de tu primera casa por ejemplo, seguramente te convenga ir por alternativas de inversión conservadoras. Pero si estás pensando más a largo plazo, una selección de instrumentos con cierto nivel de riesgo probablemente tenga sentido.
No pongas todos los huevos en la misma canasta
La anterior es de las máximas más conocidas entre los inversores. En la medida de lo posible, buscá construir un portafolio de inversiones diversificado, esto es, compuesto por diferentes clases de activos. Esto disminuirá tu exposición al riesgo, y atenuará la volatilidad de tu portafolio de inversiones.
Si bien para comprar cierto tipo de activos existen mínimos, esto no significa necesariamente que no puedas diversificar tus inversiones si tenés poco dinero. Para esto, los llamados “fondos mutuos” y “fondos cotizados” puede ser una buena opción si recién estás comenzando, no disponés de demasiado dinero, y querés diversificar tus inversiones. En próximos artículos lo veremos en profunidad, pero muy resumidamente, un fondo mutuo recibe dinero de varias personas y lo invierte en una canasta de acciones, bonos y otros valores (esto dependerá del mandato que tenga).
¿Preparado?
Las personas que ahorran e invierten regularmente son las que terminan construyendo riqueza. Y la buena noticia es que no se necesita mucho dinero para empezar. En las entregas que siguen, comenzaremos a ver las diferentes alternativas disponibles en el menú de un inversor.
